La actriz camaleónica que no tiene edad

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Greisy Mena, actriz venezolana de teatro, cine y televisión    

La actriz venezolana es egresada de la Universidad Central de Venezuela; nunca se dedicó al periodismo sino a las comunicaciones corporativas. Tiene una firma llamada “Cinema Press” en la que desarrolla estrategias de marketing para productos cinematográficos.

A Greisy Mena Agudelo nunca le gustó el periodismo a pesar de haber estudiado Comunicación Social. Estudió teatro en la Compañía Nacional y quiso conquistar al público con su medio metro de altura. Durante su trayectoria han sido destacados protagónicos en la película “Postales de Leningrado” (2007), de Mariana Rondón, y “La Vida precoz y breve de Sabina Rivas” (2012) de Luis Madoki en México. Por el papel realizado en el país azteca, Greisy Mena ganó Espiga de Oro en el Festival de Valladolid quitándole el premio a Marion Cotillard; también, fue nominada como Mejor Actriz en los Premios Ariel de México siendo así la única venezolana que figura en la mención de la Academia Mexicana de las Artes.

A las afueras de Espiga Deli, una panadería en la Av. Miguel Ángel de Bello Monte, Greisy Mena quedó en llegar. Pasada ya las cinco de la tarde las luces del lugar empiezan a encenderse, focos que alumbran desde arriba y dejan ver la amplitud del sitio. En la entrada del lugar, figura un espacio rectangular muy cómodo —con mesas y sillas—, bordeado por jardines, con apenas unos escalones que separan la zona rectangular con la entrada que da hacia la panadería.

Dentro de la oscuridad, se ve llegar a la actriz venezolana. Luce urbana: viste un leggins negro debajo de una falda azul bien lucida por sus caderas, franela de tiros roja y botines Converse azules. Lleva su cabello revuelto y sus rizos adornan su cara de aparente niña. Greisy mide 1,50m, pero su talento sobrepasa todo número y no es medible con la proporción de su tamaño. Ella no solo tiene rostro de niña, sino un brillo envolvente en su mirada que hace que la mires como ella quiere que la mires. Su edad es la edad del personaje que le pongan, sin barreras ni límites.

Por eso no dice su edad, porque el actor no la tiene. Y en última instancia, si se pusiese edad, fuese la edad de las vivencias que parece referir a la frase de Antonio Porchia: “Los años que he vivido de menos y los años que he vivido de más, suman… mi edad”.

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Greisy Mena nació en Caracas el 2 de junio. Es de signo géminis y mística en muchas cosas. La actriz y comunicadora social venezolana es la única hija del primer matrimonio de su madre Milagros Josefina Agudelo Cáceres con su padre Néstor Mena Flores. En su segundo matrimonio, la madre tiene a Abrahán Ruiz Agudelo y el menor de los hermanos Ibrahim Ruiz Agudelo. Para Greisy la familia es muy importante. Eso se nota porque cada cosa que dice inmediatamente tiene como referente a su familia.

Para mí la infancia fue muy feliz y se lo agradezco enormemente a toda mi familia en pleno. Porque mi mamá me tuvo a mí y ella estaba estudiando; cuando me tuvo, tenía que trabajar y entonces yo compartía muy poco tiempo con ella. Pero yo era la primera nieta, la primera sobrina y fui muy consentida— dice sonriendo.

La figura de madre para Greisy es su abuela Mariela Cáceres, quien además es su pilar fundamental de vida. Fue la persona que la crió y siente una profunda admiración por ella. Hoy en día, a sus 82 años, la abuela de Mena sigue apoyándola. También, los tíos de la actriz venezolana supieron darle una infancia feliz, aportando cada aspecto que ella necesitó en su momento.

Si tuviera que repetir mi infancia la repetiría tal cual fue señala complacida.

Fue en su infancia, precisamente, que Greisy se le despertó el sentido por hacer arte. Cuando estudiaba en el colegio Nuestra Señora del Pilar —colegio de monjas de puras niñas y lugar donde estudió desde kínder hasta bachillerato—, Mena imitó a la directora en varias oportunidades y realizó varias obras de teatro.

Ya en su adolescencia, la idea de ser actriz fue madurando. Cuando salió de bachillerato, realizó su primer curso con el Teatro del Contrajuegos con Orlando Arocha. Para la época su familia la apoyaba mucho, pero veía sus inclinaciones como algo transitorio. Fue una etapa de experimentación que le permitió a Mena visualizarse en un futuro de lo que quería hacer.

Lo hice [el curso]  mientras me salía el cupo de la universidad. Y ellas [su mamá y su abuela] dijeron: “Sí, vamos a meterla, pero eso se le va a pasar”. Mentira. Terminé el taller y después opté por ingresar al Programa de Formación de la Compañía Nacional de Teatro.

Este sería el punto de partida definitivo y la consagración de la vocación que sentía la actriz venezolana hacia el arte. También, sería la comprensión definitiva de su familia de que eso era lo suyo. La Compañía Nacional de Teatro, marcó el período más formativo e hilvanó un conjunto de pensamiento que formarían a Greisy Mena como futura actriz.

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Greisy Mena tardó un año para conseguir cupo en la universidad y carrera de su preferencia. La sugerencia de que realizara otros estudios paralelos a los de teatro una vez más estuvo influenciada por su abuela.  

En ese tiempo logró quedar en la Universidad Central de Venezuela para estudiar Comunicación Social. Para Mena, la etapa universitaria fue muy significativa, era el momento de compartir salones con grupos mixtos, chicos y chicas, y no como en su tradicional colegio de monjas. En un primer momento, le costó mucho adaptarse al nuevo cambio, pero luego logró superar ese miedo.

A mí un muchacho me hacía “así” y yo me ponía roja. Era un nerviosismo tan fuerte que me sudaban las manos. Tenía que superar ese miedo a los muchachos— recuerda.

Durante un periodo, luego de más o menos dos años de universidad, la actriz comenzó a sentir presión por las exigencias de estudiar dos carreras paralelas. Fue un momento de “no aguanto más” que la invadió y estuvo a punto de abandonar alguno de sus estudios. Afortunadamente, encontró el apoyo y la enseñanza que necesitaba en una de sus maestras de teatro: Diana Peñalver.

Ella me dijo: “Si estás, estás al cien por ciento. Pero no puedes estar a medias”. Admiro mucho su energía, su dominio en escena. Para mí es una gran maestra. Después de pensarlo, decidí “estar”.

También recuerda a grandes profesores que la acompañaron en las tablas: Felicia Canetti, que le dio voz y dicción; Roberto Rodríguez, de Taichí.

Ahí descubrí las cosas que se pueden hacer con el cuerpo y la mente en armonía. Cada maestro te deja cosas bien importantes que hoy por hoy lo recuerdo con cariño y uno lo lleva todavía en el cuerpo, porque la memoria del cuerpo todavía está— apunta.

La etapa de la universidad para la comunicadora social entraña recuerdos inmemorables: ahí tuvo su primer trabajo como actriz y como comunicadora.

—Significa mucho porque ahí entró una “jojotica” y salió una profesional en todo sentido— afirma.

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Son las 6:28pm y Greisy Mena quedó en reunirse con Nadeschda Makagonow (actriz y amiga) en el lugar donde está. En el rectangular espacio de la panadería, se añade una silla más a la mesa donde está Mena. Se saludan muy afectuosamente, se ve que se conocen, brillan las sonrisas y los ojos de quienes tanto tiempo tienen sin verse. Makagonow pide una miloja y se sienta.

En su vida profesional, Greisy ha realizado tanto cortometrajes como largos. Dentro de los cortos figuran: Los elefantes nunca olvidan (2004), ¿Qué importa cuánto duran las pilas? (2005) y Onda corta (2008). Sus mayores reconocimientos vienen a través de los dos protagónicos que ha realizado en largometrajes: Postales de Leningrado (2007) y La vida precoz y breve de Sabina Rivas (2012).

Durante el rodaje de Postales de Leningrado, Greisy compartió el set con Nadeschda y fue allí donde se hicieron más amigas.

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Nadeschda Makagonow como “Señorita Mayonesa”. Fotografía: Stefano Gramito

—Cuando fui a Mérida a filmar —apunta Makagonow— me tocó estar en la misma casa donde estaba Greisy. Ella estaba muy agotada, me acuerdo que hablábamos de la alimentación porque ella había adelgazado muchísimo.

Greisy Mena tuvo que llegar 39 kilos y fue todo un reto actoral el personaje de guerrillera que le tocó hacer en la película. La escena más difícil para Greisy en ese rodaje fue su primer desnudo, en el cual señala que estaba “en sus días” y fue complejo realizar la escena por la intimidad del asunto.

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Greisy Mena en Postales de Leningrado. Fotografía: Mariana Rondón

Lo que admira Makagonow de su amiga es la relación foco-mirada, todo lo que tiene que ver con la parte visual que sostiene Greisy en escena. Nadeschda no puede olvidar la Julieta de Shakespeare que hizo su amiga. 

—Greisy logró transmitir ese amor imposible, todo lo conlleva esa obra de Shakespeare. De teatro, eso ha sido lo que más me ha gustado. En cine, Postales de Leningrado ha sido para mí  ha sido lo que más he disfrutado y mejor le he visto. Pero no he visto su última película, entonces no sé— advierte.

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 Fotografía: Telemundo.

La vida precoz de Sabina Rivas es la película con la cual Greisy Mena ha tenido más reconocimiento. La actriz venezolana le quitó el título a una de las actrices que más admira: La actriz francesa Marion Cotillard. Fue en el Festival de Valladolid en donde Mena ganó como mejor actriz en el año 2013 por el personaje de hondureña en la película mexicana de Luis Mandoki.

—Como actriz, no significa tanto como significa el hecho de la nacionalidad. Que una venezolana esté nominada y le haya ganado a Marion Cotillard, para mí ese sentido de patriotismo tuvo más peso en eso momento— apunta.

Para Mena, el personaje de Sabina Rivas ha sido el más complicado en todo sentido. Desde la preparación como actriz, el trabajo diario y preparación rigurosa que tuvo el personaje, hasta las 16 horas diarias que tenía que filmar.

—Fue una preparación muy disciplinada, era así como una escuela: de tal hora a tal hora, me iban a buscar; desayunaba; a tal hora, tenía canto; luego, tenía clase con el músico; después tenía el coach de acento. Fue realmente un entrenamiento estricto, de lunes a sábado desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche— afirma.

El esfuerzo de este personaje no en vano le costó a la actriz venezolana el premio ya mencionado y la nominación como mejor actriz en los Premios Ariel de México.

Durante su tiempo en México, estuvo 4 meses alejado de su familia y su actual novio Alejandro Torres. Con Torres, Mena lleva 14 años de novio y la solidez de su relación se basa en la confianza y en la comunicación. Greisy y Alejandro se conocieron por un amigo en común y fue en su segundo encuentro que se enamoraron. Fue un amor a segunda vista. El novio de Greisy siente mucha admiración tanto como mujer como actriz.

Es una mujer decidida, echa pa’ lante. Con la carita que tiene, por llamarlo de alguna manera, es una mujer con guáramo— comenta.

Muchas anécdotas se pueden contar en 14 años de relación. Torres recuerda una es especial cuando fueron a Magic Kindom en Disney World.

—Tuvimos la oportunidad de ir un fin de semana. La cara de ella fue literalmente de una niña: feliz, llorando. Era un contraste de felicidad con llanto. Siempre me ha marcado esa imagen de ella— recuerda el novio.

Para la actriz venezolana, su novio cumple muchos roles: es su amante, su confidente y su mejor amigo.

—Es una persona que agradezco mucho porque entiende mejor que yo este oficio. Y es publicista, no es actor, y lo entiende mejor que yo— dice efusiva.

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Greisy Mena es una actriz muy versátil. Su cara de niña ha conquistado a muchos de los directores y gente que la admira. Para ella es teatro es estar viva, es pasión. En la intimidad de sus escenas le gusta degustar el arte y la energía del otro actor. En su vida ha interpretado muchos personajes en escena, muchas profesiones y la vida le ha permitido ser quien quiere ser.

Después de un proyecto, el actor se va su hogar, se deslastra de todo lo que ha construido durante mucho tiempo. Es decir adiós a algo que con mucho esfuerzo se ha creado. Greisy Mena experimenta sensaciones muy fuertes cuando termina sus proyectos.

—Depresión total. Horrible. No me provoca comer, todo es gris. Mientras más intenso es el proceso de compenetración con el personaje y mientras más tiempo tengas con una producción, peor te sientes— comenta.

Es la edad de las vivencias. Es el precio de cada proyecto. Emociones variopintas y construcciones psicológicas versátiles. Greisy Mena camuflajea su edad con sus atributos de niña, y conquista el público interpretando el personaje que le pongan.

En el oficio de actor la edad se lleva en el corazón; el intérprete tiene que seducir al público con tu trabajo. Un buen actor es un camaleón que se pasea por las pieles de la atemporalidad, convenciendo al público, atrapándolo con pinceladas de carisma. Y eso Greisy Mena lo ha entendido muy bien.

Por: Ricardo Barbar. @Ricardobabar.

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